A 650 metros de altitud, entre la ladera de La Maroma y los valles que bajan hacia el mar, Canillas de Aceituno conserva el trazado que le dejaron sus siglos moriscos: calles estrechas que suben quebrándose, fachadas encaladas, patios que se oyen antes de verse. No hay recorrido recto posible, y esa es justo la gracia.
El pueblo forma parte de la Ruta Mudéjar de Andalucía, y las piedras lo cuentan por su cuenta: un aljibe árabe medieval que sigue en pie, la iglesia del siglo XVI levantada sobre lo que hubo antes, la Casa de los Diezmos con su fábrica mudéjar. Todo cabe en un paseo de una mañana, sin coche y con paradas para mirar.
Y luego está la mesa: el chivo de Canillas, que aquí es religión de domingo; la morcilla artesana, con día grande en el calendario del pueblo; el aceite de la comarca y los vinos de la Axarquía. Cuando apetezca cambiar de escala, Vélez-Málaga queda a 17 km, la playa de Torre del Mar a 28, Málaga capital a 50 y el aeropuerto a 55.